1 comments

De pequeños nos han enseñado, podría decir que si no a todos, a casi todos, que tener las situaciones controladas es lo mejor que nos puede pasar. Nos inculcan el ser previsores, a ahorrar, a preparar y estudiar con antelación, a prever situaciones de riesgo, a asegurarnos bien, (el mundo de los seguros es un gran negocio) y a tener todos los cabos atados y bien atados.

La prevención y el por si acaso, el estar bien informado y el dominio de las técnicas están muy valorados en nuestra sociedad. Vaya, que son “valores seguros”.

Nos dijeron que todo eso nos llevaría al éxito, a conseguir lo que queremos, a obtener la vida que hemos planificado por adelantado, o que otros planificaron por nosotros. Pero a la hora de la verdad siempre surgen imprevistos que lo echan todo al traste; la fiebre del niño, los comentarios de la suegra, el vecino nuevo y su batería, el trabajo, el tiempo, el tráfico, la política, los mosquitos…

¡son tantas las cosas que se escapan de nuestro control!

En definitiva, que nos pasamos la vida intentando que ésta sea de una manera determinada, la nuestra, que las cosas vayan como nosotros queremos, y la vida acaba yendo siempre por donde le da la gana.

Esa necesidad de control, de querer que todo sea como uno quiere, salvo raras excepciones, acaba trayendo infelicidad, ansiedad y enfermedad. Ya que mantener el control supone una tensión física continua, una actividad cerebral y nerviosa perenne de estado de alerta que acaba desgastando la máquinaria y quemando las baterías. Insomnio, ansiedad, dolores de espalda, neuralgias, problemas respiratorios, tensión muscular, rigidez articular, dismenorrea… La lista es inagotable.

 

.-¿Qué opción nos queda pues? ¿Resignarnos? ¿tirar la toalla?

.-No, no se trata de resignarse, se trata de fluir.

.-¿y cómo se hace eso?

.-Cambiando de posición ante la vida, de perspectiva. Entendiendo que la vida es algo que NO podemos controlar, y que para ser feliz, la única opción es vivir lo que nos toca, aceptarlo, buscando la parte buena, y dejar de intentar que pase lo que no pasa, de ser quien no se es, de buscar lo que no se encuentra. En definitiva, poner la atención en el pájaro que tenemos en la mano, alimentarlo y darle cariño, porque los otros cien no son reales.

 

Dejar que nuestros hijos tomen decisiones equivocadas, (según nuestro punto de vista, claro), aceptar que tenemos el cuerpo que tenemos y sacarle partido, cuidarlo y darle disfrute en lugar de despreciarlo o machacarlo con cien abdominales que no nos darán una tableta de chocolate en lugar de barriga. Si llueve, sacar el paraguas y pensar que no siempre llueve al gusto de todos. Recibir a las crisis como retos, a los cambios como posibilidades. Entender que cuando algo se va de nuestra vida, una persona, un empleo, un dinero en el banco, lo mejor es despedirlo y mirar hacia delante. Desdramatizar, dejar el victimismo en el armario trastero y buscar nuevas salidas, nuevos caminos por los que seguir viviendo, avanzando, creando.

Nuestra salud y nuestro cuerpo nos lo agradecerán.

 

 

 

 

 

 

0 comments

Nuestro cuerpo es una máquina perfecta, donde todo, cada órgano, cada músculo, cada célula tiene su función y su razón de ser. Nosotros percibimos nuestro cuerpo como materia fija y no nos damos cuenta de que mientras estamos durmiendo, de pié, concentrados en el trabajo, miles de células están en continuo movimiento y transformación en nuestro interior, los órganos, la sangre, todo está continuamente trabajando… y lo hace en equipo!

El estrés  y la tensión o el miedo y la rabia contenidas envían un exceso de glucosa a nuestros músculos y los contraen sin que después haya una respuesta activa de esos músculos.

Por esa razón todo repercute en todo y todo tiene influencia en todo dentro de nosotros, nuestros pensamientos y emociones crean química, crean reacciones y respuestas en glándulas, en órganos, en partes del cerebro. Los músculos, los tendones y articulaciones también forman parte de este equipo y le influencian y se ven influenciados.

El estrés  y la tensión o el miedo y la rabia contenidas envían un exceso de glucosa a nuestros músculos y los contraen sin que después haya una respuesta activa de esos músculos que libere toda esa química. Por eso decimos en Movimiento Integral que los músculos tienen memoria emocional y la liberamos pidiéndole al músculo que haga un movimiento consciente y respetuoso consigo mismo.

Del mismo modo, a menudo la zona del cuerpo que nos duele no es donde se encuentra el origen de la tensión, a menudo se halla en otras partes. Una lesión de rodilla puede tener su origen en la cadera por ejemplo, ( las dos articulaciones comparten el mismo hueso, el fémur), o en el apoyo del pie. A veces la causa es tan simple como la distribución del peso al andar o cuando estamos de pie.

Una lesión crónica en las cervicales puede tener un origen en un diafragma contraído o en las costillas, un dolor en el pulgar de la mano puede empezar en el hombro o en la base del cráneo.

Esa es la razón por la cual en una sesión de Movimiento Integral dedicada a movilizar pies, caderas y respiración un alumno puede sentir al final de la clase un alivio y un cambio en las cervicales sin que parezca que le hemos dado a estas mucha atención.
Sencillamente, ¡hemos reorganizado el trabajo en equipo!

Una contractura es la expresión de un rechazo. Es importante reconocerlo, dejar sentir esa ‘molestia’ emocional y buscar así un aprendizaje y la parte positiva

Las contracturas musculares son la expresión de una rigidez mental, de un rechazo que encuentra en el nivel físico su forma de expresión, su reconocimiento y su expresión pueden ayudarnos a suavizarla y eliminarla.

Una contractura muscular es, una contracción continuada e involuntaria del músculo o algunas de sus fibras que aparece al realizar un esfuerzo. Se manifiesta como un abultamiento de la zona, que implica dolor y alteración del normal funcionamiento del músculo.
Suele aparecer cuando dicho músculo realiza una actividad inapropiada en intensidad o en función. Sin embargo muchas veces no podemos relacionar una contractura con un esfuerzo físico considerable. Entonces ¿porqué me contracturo? La víctima de la contractura hace repaso; quizá anduve demasiado el domingo, quizá la culpa la tiene la silla o dormí en una mala postura….

Esa pregunta se la hacen y me la hacen muchas personas. Y mi respuesta siempre es la misma: una contractura es una rigidez física que expresa una rigidez mental. La contractura surge cuando rechazamos algo que está pasando a nuestro alrededor. Algo que no aceptamos en nuestra vida.

Puede surgir en un comentario de un amigo, un jefe, un familiar, puede ser un cambio en nuestro día a día que no nos gusta y con el que vamos a tener que “apechugar”. A menudo tiene que ver con una actitud de alguien cercano que nos disgusta.

Es importante si nos hemos contracturado preguntarnos en qué o quién estábamos pensando cuando empezamos a sentir molestias, si tuvimos un disgusto el mismo día o la tarde anterior. A menudo el darnos cuenta ya nos ayuda a aflojar ese músculo que nos está avisando.
Otras veces sólo con expresarlo y poder compartir con alguien cercano o un terapeuta el dolor emocional, ya suaviza el dolor físico e incluso lo borra del todo.

Es importante en todo caso, intentar reconocer nuestro rechazo, en definitiva dejarnos sentir esa “molestia” emocional y buscar formas de tomársela de otro modo, buscar el aprendizaje, la parte positiva…