Reflexión sobre el coraje

¿Tengo o no tengo coraje? Una pregunta que no se responde fácilmente, que se debe a nuestra reacción ante los avatares de la vida, que no significa no rendirse nunca, sino en el momento adecuado. Algo que se debe ir aprendiendo y cultivando durante el tiempo

A mi parecer es uno de los pilares básicos que nos empujan en nuestro andar por el mundo  y que nos ayudan a preparar el trayecto sobre el cual queremos caminar.

Valentía, capacidad de lucha, reconocimiento del esfuerzo, atención al entorno, observación propia, honestidad consigo mismo…. características que acompañan al coraje.

¿Tengo yo coraje?  En más o menos grados seguramente que si pero también es cierto que se va desarrollando. Los avatares de la vida nos ponen con frecuencia entre las cuerdas dejándonos casi desnudos delante de un futuro incierto.  ¿Qué hago ahora?

Esa pequeña chispa con el tempo se convertirá en un buen soldado, aliado en las batallas y con quien lucharemos ante los problemas codo con codo.

¿Me deprimo? No. No me lo puedo permitir, tengo que seguir adelante sea como sea y entonces, aahhh …..  nace una pequeña chispa que se inflama y te da un primer impulso.  Al principio lo sientes suave, débil, enfermizo y quebradizo. Hay que cuidarle con esmero, alimentándole con pequeñas pero frecuentes dosis de autoestima, hay que protegerle para que no se pierda ya que desconoce el espacio en el que se encuentra, a veces se cansa porque no está acostumbrado a trabajar demasiado y se queja y quiere marcharse. A ratos, sin perderle de vista, debemos dejarle descansar pero es tan agradecido que rápidamente se recupera y se va haciendo grande y fuerte.  Con el tiempo descubriremos que se ha convertido en un buen soldado que nos acompañará en todas nuestras batallas. Lucharemos juntos y aprenderemos también a rendirnos cuando el momento lo considere preciso.

 

Montserrat Farràs.

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