Empatía y Bonsáis

Para poder ser empáticos y conocer a los demás debemos alejarnos de los prejuicios de la primera mirada que nos puede inducir al engaño, a la observación de lo aparente y no de lo verdadero, que como en los bonsáis se encuentra en las raíces. 

Que es la empatía? Ponernos en los zapatos del otro, en su marco de referencia. Para ello es necesario sacarnos nuestros propios zapatos. Algo tan obvio y que no solemos hacer. Vamos acumulando pares, acabando con los pies destrozados y sin poder sentir ninguno, con la atención que se merece. Me agrada la rapidez con que los niños captan esta necesidad de ‘salir del marco de referencia para ser empático’, dando ejemplos perfectos de los momentos empáticos que viven en su día a día.

Preparando los bonsáis para el invierno, con el silencio que esto comporta, oigo alto y claro: empatía y prejuicios. Un bonsái, tiene hojas y raíces como sus recursos esenciales para alimentarse, crecer y expandirse.

En esta época los reyes de la mesa son los de hoja caduca, con tonos luminosos, como el arce o el olmo. A su lado están los de hoja perenne, verdes y frondosos como el ciprés. Y el que puede pasar inadvertido es el álamo como tallos finos, flexibles y largos, desnudos de sus hojas estivales de plata.

Como los bonsáis las personas que despliegan frondosas hojas a veces tienen raíces pobres, pero debemos atravesar la sombra que los envuelve para poder descubrirlo.

La curiosidad es que los que dan una gran sombra, un paraguas verde perenne, no necesariamente son los ejemplares con las raíces más profundas. Al contrario, tienen una alfombra de raíces horizontales ocupando su rizosfera pero sin ahondar. En cambio los ejemplares de hoja caduca tienen unas raíces profundas que superan la maceta y se aventuran por la mesa.

Al llevar esta reflexión al ser humano, las personas, aparecen conjuntamente las nociones de empatía y prejuicios. Una persona que deslumbra, pletórica, con unas enormes hojas verdes, puede causar malestar, la sensación de ensombrecer al que esté a su lado, de avasallar. Su paraguas puede tapar el sol al que no tiene esas hojas. Ahora, qué hace que tenga esas hojas? Quizás, si obviamos los prejuicios podemos atravesar ese manto y llegar al tronco y descubrir que la abundancia de hojas suple unas raíces pobres, la falta de raíz principal que arraiga con firmeza y seguridad.

Si priorizamos los prejuicios, huimos de la sombra, perdemos conocer a esa persona como el conjunto de sus partes, su fortaleza, su debilidad, sus miedos y sus recursos.

Al contrario ocurre lo mismo: Obviar un tronco desnudo implica prejuzgar a alguien como discreta, quizás austera, que no resalta a primera vista. Sin embargo tendrá unas raíces fuertes y consistentes que aporten firmeza, seguridad, estabilidad y coherencia. No son necesarias unas enormes hojas cuando las raíces son amplias y profundas.

Por ello mi reflexión, con el deseo de ser empáticos, sin prejuicios y estando abiertos a los regalos de la vida, que nos llegan en el momento más inesperado, con la única exigencia de que estemos dispuestos, abiertos, es decir VIVOS.

Dedicado a aquellos que me ven y se muestran.

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