EL ESTADO DE CLOWN

El clown relacional guarda una distancia en la que escucha, percibe y destapa la comunicación no verbal de aquellos con los que interactuar permitiendo descubrir traumas y bloqueos.

Audi es la amiga clown de Aude, arteterapeuta. Nacida hace 7 años en Bélgica, en la primavera de 2010 visitó una residencia geriátrica cerca de las montañas de Girona. En las líneas que siguen podréis leer un escrito teórico de Aude sobre los fundamentos del clown relacional intercalado con algunas vivencias que Audi tuvo con varios ancianos durante aquella visita a la residencia. Las experiencias de Audi aparecen en letra cursiva.

El clown relacional pertenece a la familia de las “arteterapias”. Se trata de un arte de la relación, un arte de lo inesperado.
El clown desarrolla un saber ser, más que un saber hacer y busca sus recursos en la espontaneidad y la improvisación: eso le permite adaptarse de forma creativa, lúdica y sensible a la singularidad de cada uno sin aplicar una técnica sino una apertura del corazón.
El clown relacional/terapéutico nos invita a acoger y acompañar al otro en el instante con sensibilidad y disponibilidad dejándose tocar sin ser desestabilizado.

El clown permite abrir un campo posible en el entorno codificado de las instituciones. Permite el placer y la complicidad compartidos.
Estoy llegando a la residencia, el latido de mi corazón aumenta, hay un hombre en la entrada, cerca del jardín, sentado. Parece el guardián de la residencia. Me acerco lentamente, con suavidad. Me mira y sonríe con cariño, nos miramos… Un tiempo, una mirada profunda. Me coge las manos… ¡que emoción! Un momento mágico de dulzura y proximidad. Se levanta y me enseña desde lejos su huerto (que en realidad es del centro, pero que él cultiva)… “¡Impresionante!”, pienso. Lo quiero ver más de cerca. Me coge la mano y nos acercamos al huerto. Me lo enseña todo. Me siento ligera, haciendo un viaje y descubriendo un nuevo paisaje. Paisaje en el cual dos seres que se conocen desde hace 5 minutos están compartiendo un momento de complicidad.

Es fundamental para el encuentro con el otro que el clown se conecte con su presencia y calma interior, a través de la respiración, lo que permite la circulación de la palabra justa, para ayudar a que esta palabra no sea un poder obtenido sobre el otro sino un vínculo del corazón.
El clown puede quedarse callado al lado del otro, estar en el aquí y ahora simplemente.

Se da cuenta de lo que provoca en los demás y recibe el estado del otro guardando una distancia justa.

Aceptar que entre yo y el otro haya una distancia límite, que no se puede traspasar, la cual es el reino del reconocimiento del otro en su diferencia (alteridad), un reino en el que no se entra. Más allá de esta distancia, el otro puede retroceder, huir de la relación…

Veo a una mujer sentada, sola, en la mesa del comedor. Mira sus manos y se queja. No me ve. Yo la veo dentro de su mundo, aislada de su entorno. No quiere mirarme. Me siento a su lado, respiro, espero y nada… Nada… No me mira, se cierra aun más. Empiezo a jugar con una pelotita en la mesa, yo tengo ganas de jugar con ella. No hace nada, pero el llanto de su queja se detiene y va mirando la pelota que hace su baile en la mesa. Estoy viviendo un momento de interacción con esa mujer, interacción sin palabras, sin mirada, pero con un inmenso respeto por lo que ella vive…

El estado del clown es un estado paradójico. El clown es un funámbulo entre la espontaneidad, la soltura del niño y la consciencia del adulto.
Con el clown es posible re-encontrar los miedos de la infancia, la violencia de la soledad, la rabia de la falta de amor, y ser acompañado con sensibilidad y respeto, más allá de las palabras… El estado del clown… es también escuchar palabras sin sonido.

Me acerco al porche de entrada del edificio. Veo a un hombre salir. Tiene la mirada hacia abajo y se apoya en el brazo de la cuidadora que le acompaña. Se para, me mira y sonreímos. Me toca el brazo y con la ayuda de su acompañante empieza a cantar. ¡Que alegría siento! Me entran ganas de bailar. Me coge el brazo y yo cojo el suyo. Siento el calor de su mano…

Supe que unos días después del encuentro con el clown algunos ancianos se enfadaron. La intensidad de algunos encuentros con los residentes produjo sellos y despertó quejas. El clown puede ser un revelador de las frustraciones que existen en el fondo. Podemos citar el ejemplo de una mujer que se enfadó porque Audi no le regaló la cajita de música que tuvo entre sus manos un rato. Protestaba porque Audi había hecho regalos a dos residentes (pues era su cumpleaños) y a ella no.

El encuentro clown con las personas ancianas desarrolla una comunicación auténtica cultivando momentos de intensidad y placer compartido, verbal y/o no verbal. La presencia del clown muchas veces crea un clima de confianza y de intimidad que puede provocar revelaciones, detalles compartidos muy personales. Tiene también un efecto dinamizante y de conexión con la vida.
Al fondo de la sala común hay una mujer sentada. Me acerco a ella. Por alguna razón extraña al aproximarme a esta mujer me siento arropada, en confianza, tranquila. Me siento a sus pies y la miro, nos miramos, sus ojos me atraviesan. Me cuenta que conoce muy bien París, que su primer amor era francés pero tuvo que dejarlo y regresar a España por la guerra. Me conmueve su relato. Hay una mezcla de nostalgia y a la vez de alegría al hablar sobre este momento de su vida. Veo una mujer guapa, joven, femenina. Me encuentro bebiendo sus palabras como un niño a quien se le cuenta un cuento…

La posición: el clown suele tener una posición baja, con las rodillas un poco flexionadas. Es una posición que sugiere humildad y humor. Aporta una mirada desdramatizante sobre los dramas de la vida.

El clown relacional cobra todo su sentido al tratar con personas que no tienen la capacidad de relacionarse de forma convencional o que la tienen alterada o modificada. El tipo de personas con quienes es difícil comunicarse con las palabras.

El clown es el maestro de la comunicación no verbal. Utiliza el lenguaje del cuerpo, de las emociones, de las relaciones lúdicas con la ayuda del juego y del humor. Busca recursos en el tacto, la mirada, la expresión de la cara, la voz… Considera otros niveles de comunicación y se encuentra con este tipo de personas con una mirada diferente, nueva, y simplemente se entrega al placer del encuentro.

Después de una hora de encuentros, siento que el hilo entre Aude y Audi se hace más débil. La cabeza de Aude empieza de nuevo a luchar para obtener el poder sobre el sentir y las emociones de Audi. Toca a la puerta el juicio, la búsqueda de resultados y siento con mucha tristeza que Audi se va alejando… De repente la cocinera propone a Audi tomar algo… Unos crepes. “¡Uala!”, piensa Audi, que sale de la cocina después de comer para encontrarse con más ancianos. “¡Que bien!”, el momento de descanso en la cocina me permitió volver a la superficie, descansar y disfrutar debido al cuidado que recibí en la cocina.

Sobre la nariz del clown: la nariz es un código cultural que conecta específicamente a las personas ancianas con el mundo de la infancia, la fiesta, la risa y la alegría.

Es también un código estructurante que permite dar un encuadre a un principio y un final de un encuentro clown.

Es importante subrayar que el clown relacional desarrolla relaciones basadas en el respeto, excluyendo todo tipo de infantilización. Abre una relación positiva de adulto a adulto compartiendo un nivel de comunicación basado en: la autenticidad emocional, la espontaneidad, la alegría compartida y el humor dejando que emerja en cada uno el niño libre que hay en cada adulto.

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