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Como todos los niños ya han escrito sus cartas para ustedes, quiero pedir especialmente por los “niños grandes”, los adultos . No quiero pedirles nada material. Creo que para conseguir todo lo que queramos, es más importante “tener” otras cosas, o “ser” de una determinada manera o actitud.

Pensando en las bondades de la infancia, pido a Sus Majestades que recuperemos…

… la habilidad que teníamos cuando éramos niños de ilusionarnos con cualquier cosa;

el encanto infantil de las sonrisas de oreja a oreja;

que riamos con facilidad hasta que no podamos más;

el disfrutar de cada momento;

el insistir e insistir cuando no consigamos algo, hasta conseguirlo;

la inocencia necesaria para aceptar retos u oportunidades que una experiencia negativa hace que rechacemos;

la facilidad de hacer amigos y amigas por donde quiera que vayamos;

la facilidad para perdonar de un modo tan auténtico;

el querer tan intensamente a los demás y de forma desinteresada e inocente;

la curiosidad por conocer nuestro mundo, a preguntar y cuestionar sanamente;

la ilusión, la energía, las ganas de hacer cosas…

el querer jugar el juego de la Vida con ganas, energía e ilusión con las personas que queremos, e incluso con las que apenas conocemos.

No he mencionado todo lo bueno que tenemos en esa época de nuestras vidas, pero estoy seguro de que Sus Majestades me han comprendido perfectamente. Saben que me refiero a que, en definitiva, recuperemos lo mejor que teníamos cuando éramos niños y niñas, y que lo sepamos aunar a lo mejor que tenemos como adultos.

Que seamos, por tanto, la mejor versión posible de nosotros mismos.

Fuente http://www.neoparadigmas.com/2012/01/05/carta-a-los-reyes-magos-2012/

El curso ha comenzado y rápidamente nos percatamos que, aun a pesar de todos los esfuerzos y las buenas intenciones del periodo vacacional, la cotidianidad se impone con incómoda autoridad.
¿Qué podríamos hacer para gestionar mejor toda esta vorágine de actividades, inquietudes y estrés?
Lo que no depende directamente de nosotros se hace más complicado pero si intentamos ordenar prioridades, equilibrar necesidades y reser var un pequeño tiempo para escucharnos, todo se vuelve más confortable y descubrimos un día a día lleno de pequeños instantes a disfrutar.
En Essència apostamos por el bienestar de las personas en todos sus entornos pero dedicamos especial atención al ámbito familiar. Por este motivo insistimos y seguiremos insistiendo en proponer actividades, talleres y dinámicas que fomenten la buena comunicación, la empatía, el respeto y la confianza a efectos de construir la familia como un espacio seguro y protegido.
Seguimos con el proyecto
CRECER i SABERSE , el ARTETERAPIA , incorporamos clases de KUNG FU para niños entre 6 y 9 años, tenemos clases semanales de YOGA EN FAMILIA y ofrecemos DINAMIZACION y ANIMACION en encuentros escolares o familiares. Todo ello desde una perspectiva lúdica y de buena salud emocional.
Si os atrae la idea y participáis de nuestros enfoques y maneras os invitamos a asistir el dia 2 de OCTUBRE a las 20H a la presentación del nuevo curso, programa y calendario
(si venís con los niños les dejaremos una sala donde proyectaremos una película mientras dura nuestro encuentro)
Sera un placer contar con vosotros y disfrutar de la compañía de vuestros hijos. Os invitamos también a extender esta información si tenéis conoc imiento de otras familias que puedan estar interesadas.
Hagamos de la familia un espacio seguro y protegido!!

Tshunulama era una muchacha que sentía su corazón esclavizado por una relación de amor. Y por más lágrimas que sus ojos derramaban, y por más que su mente le decía que tenía que soltar y nacer a la verdadera independencia, su corazón no sabía cómo salir del torturador apego que padecía. Noche tras noche, tan solo experimentaba un recuerdo obsesivo de aquel hombre ante el que se sentía ignorada y humillada.
Tshunulama se había convertido en una esclava del recuerdo, agarrada a una cuerda de su memoria, de la que no podía soltar su mano aferrada. Soltar…Tan sólo de pensarlo el miedo aterrador la invadía.
Pero un buen día soñó con un anciano de ojos profundos y de mirada familiar y sabia que le decía:
–Basta, no temas, suelta la cuerda que ata tu vida y esclaviza tu alma.
–No puedo– respondió Tshunulama, viéndose a sí misma colgada de aquella cuerda–. Me da miedo, caería, siento que me moriría… es superior a mí.
–No es así –contestó él–. Desde que tu corazón se siente esclavo, has dejado de vivir tu propia vida. Eres capaz de soltar. Cuando lo hagas, sabes en lo más profundo que sentirás un gozo intenso y la paz que mereces.
Tshunulama sintió que podía ver con claridad sus miedos:
–“¿Deseo realmente la libertad y la autonomía como para arriesgar lo que tanto aprecio? ¿Cómo puedo estar segura? ¿Qué quiero realmente de la vida? ¿Para qué he nacido?”. Sin darse cuenta, su mente se ensanchaba… Poco a poco, comenzó a sentir sus dedos más sueltos y empezó a permitir que algo profundo aflojara su mano aferrada, mientras sentía una brisa de paz.
Confiando en su intuición, aflojó el último dedo y, de pronto, observó que nada sucedía. Comprobó que permanecía exactamente donde estaba, y entonces se dió cuenta, atónita, de que había estado todo el tiempo sobre el suelo. Sus miedos tan sólo habían existido en su mente… Podía salir, abrir puertas y ventanas, y respirar la fuerza de la vida en su interior. Todo el Universo renacía en el rostro sonriente de una nueva Tshunulama.

Extraído del libro Cuentos para aprender a aprender, de José María Doria (Gaia Ediciones).

Nos cuidamos como padres para saber cuidar a nuetros hijos

BIENVENIDOS A LA VIDA!

Compartiendo nueva maternidad
Hablaremos de las propias necesidades y de como conseguir el equilibrio que nos permitirá, desde un amor limpio, relacionarnos con nuestros niños.

El arte de ser padres
Un espacio de cuidado para los que cuidan. Aprendiendo y compartiendo ser padres

Disfrutamos en familia
Actividades diversas que sirven para explorar sensaciones y emociones en un espacio familiar y colectivo a la vez.

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De pequeños nos han enseñado, podría decir que si no a todos, a casi todos, que tener las situaciones controladas es lo mejor que nos puede pasar. Nos inculcan el ser previsores, a ahorrar, a preparar y estudiar con antelación, a prever situaciones de riesgo, a asegurarnos bien, (el mundo de los seguros es un gran negocio) y a tener todos los cabos atados y bien atados.

La prevención y el por si acaso, el estar bien informado y el dominio de las técnicas están muy valorados en nuestra sociedad. Vaya, que son “valores seguros”.

Nos dijeron que todo eso nos llevaría al éxito, a conseguir lo que queremos, a obtener la vida que hemos planificado por adelantado, o que otros planificaron por nosotros. Pero a la hora de la verdad siempre surgen imprevistos que lo echan todo al traste; la fiebre del niño, los comentarios de la suegra, el vecino nuevo y su batería, el trabajo, el tiempo, el tráfico, la política, los mosquitos…

¡son tantas las cosas que se escapan de nuestro control!

En definitiva, que nos pasamos la vida intentando que ésta sea de una manera determinada, la nuestra, que las cosas vayan como nosotros queremos, y la vida acaba yendo siempre por donde le da la gana.

Esa necesidad de control, de querer que todo sea como uno quiere, salvo raras excepciones, acaba trayendo infelicidad, ansiedad y enfermedad. Ya que mantener el control supone una tensión física continua, una actividad cerebral y nerviosa perenne de estado de alerta que acaba desgastando la máquinaria y quemando las baterías. Insomnio, ansiedad, dolores de espalda, neuralgias, problemas respiratorios, tensión muscular, rigidez articular, dismenorrea… La lista es inagotable.

 

.-¿Qué opción nos queda pues? ¿Resignarnos? ¿tirar la toalla?

.-No, no se trata de resignarse, se trata de fluir.

.-¿y cómo se hace eso?

.-Cambiando de posición ante la vida, de perspectiva. Entendiendo que la vida es algo que NO podemos controlar, y que para ser feliz, la única opción es vivir lo que nos toca, aceptarlo, buscando la parte buena, y dejar de intentar que pase lo que no pasa, de ser quien no se es, de buscar lo que no se encuentra. En definitiva, poner la atención en el pájaro que tenemos en la mano, alimentarlo y darle cariño, porque los otros cien no son reales.

 

Dejar que nuestros hijos tomen decisiones equivocadas, (según nuestro punto de vista, claro), aceptar que tenemos el cuerpo que tenemos y sacarle partido, cuidarlo y darle disfrute en lugar de despreciarlo o machacarlo con cien abdominales que no nos darán una tableta de chocolate en lugar de barriga. Si llueve, sacar el paraguas y pensar que no siempre llueve al gusto de todos. Recibir a las crisis como retos, a los cambios como posibilidades. Entender que cuando algo se va de nuestra vida, una persona, un empleo, un dinero en el banco, lo mejor es despedirlo y mirar hacia delante. Desdramatizar, dejar el victimismo en el armario trastero y buscar nuevas salidas, nuevos caminos por los que seguir viviendo, avanzando, creando.

Nuestra salud y nuestro cuerpo nos lo agradecerán.

 

 

 

 

 

 

Para poder ser empáticos y conocer a los demás debemos alejarnos de los prejuicios de la primera mirada que nos puede inducir al engaño, a la observación de lo aparente y no de lo verdadero, que como en los bonsáis se encuentra en las raíces. 

Que es la empatía? Ponernos en los zapatos del otro, en su marco de referencia. Para ello es necesario sacarnos nuestros propios zapatos. Algo tan obvio y que no solemos hacer. Vamos acumulando pares, acabando con los pies destrozados y sin poder sentir ninguno, con la atención que se merece. Me agrada la rapidez con que los niños captan esta necesidad de ‘salir del marco de referencia para ser empático’, dando ejemplos perfectos de los momentos empáticos que viven en su día a día.

Preparando los bonsáis para el invierno, con el silencio que esto comporta, oigo alto y claro: empatía y prejuicios. Un bonsái, tiene hojas y raíces como sus recursos esenciales para alimentarse, crecer y expandirse.

En esta época los reyes de la mesa son los de hoja caduca, con tonos luminosos, como el arce o el olmo. A su lado están los de hoja perenne, verdes y frondosos como el ciprés. Y el que puede pasar inadvertido es el álamo como tallos finos, flexibles y largos, desnudos de sus hojas estivales de plata.

Como los bonsáis las personas que despliegan frondosas hojas a veces tienen raíces pobres, pero debemos atravesar la sombra que los envuelve para poder descubrirlo.

La curiosidad es que los que dan una gran sombra, un paraguas verde perenne, no necesariamente son los ejemplares con las raíces más profundas. Al contrario, tienen una alfombra de raíces horizontales ocupando su rizosfera pero sin ahondar. En cambio los ejemplares de hoja caduca tienen unas raíces profundas que superan la maceta y se aventuran por la mesa.

Al llevar esta reflexión al ser humano, las personas, aparecen conjuntamente las nociones de empatía y prejuicios. Una persona que deslumbra, pletórica, con unas enormes hojas verdes, puede causar malestar, la sensación de ensombrecer al que esté a su lado, de avasallar. Su paraguas puede tapar el sol al que no tiene esas hojas. Ahora, qué hace que tenga esas hojas? Quizás, si obviamos los prejuicios podemos atravesar ese manto y llegar al tronco y descubrir que la abundancia de hojas suple unas raíces pobres, la falta de raíz principal que arraiga con firmeza y seguridad.

Si priorizamos los prejuicios, huimos de la sombra, perdemos conocer a esa persona como el conjunto de sus partes, su fortaleza, su debilidad, sus miedos y sus recursos.

Al contrario ocurre lo mismo: Obviar un tronco desnudo implica prejuzgar a alguien como discreta, quizás austera, que no resalta a primera vista. Sin embargo tendrá unas raíces fuertes y consistentes que aporten firmeza, seguridad, estabilidad y coherencia. No son necesarias unas enormes hojas cuando las raíces son amplias y profundas.

Por ello mi reflexión, con el deseo de ser empáticos, sin prejuicios y estando abiertos a los regalos de la vida, que nos llegan en el momento más inesperado, con la única exigencia de que estemos dispuestos, abiertos, es decir VIVOS.

Dedicado a aquellos que me ven y se muestran.