¿Cuánto hace que no escuchas al niño que llevas dentro?

Si no escuchamos a nuestro cuerpo, tiene que chillar, se ha de modificar para que tomemos consciencia de él.

El autoconocimiento y el reconocernos a nosotros mismos, nos permite poder identificar los problemas y las virtudes, darles un espacio para que se expresen y así poder reconocer y gozar con mayor intensidad los placeres que la vida nos depara.

Como individuos, somos un ‘self‘ formado por multitud de partes. Cuando las partes que no nos gustan son más que aquellas que nos agradan, el charco pasa a ser un gran obstáculo. Ese elemento que para un niño simplemente es placer para un adulto (entendiendo a éste como persona que tiene más edad) es un problema algo contra lo que protegerse e intentar controlar, dominar.

Tenemos la oportunidad de conocer y reconocernos, utilizando todos los adjetivos interiorizados como mecanismos de crecimiento y no de obstrucción. No es tarea fácil y a veces es doloroso. No obstante, también hay momentos de placer, alegría y amor donde nuestro autoestima crece y ocupa más partes, aportando armonía, flexibilidad y fuerza renovada.

Podemos encegarnos y evitar así visiones dolorosas, pero también podemos abrir bien los ojos, ser conscientes y entender esas defensas que construimos, en su momento, por supervivencia y protección, agradecer su función y reconocer su utilidad anterior.

No olvidemos que las murallas y defensas que construimos con el paso de experiencias, han protegido esa parte tan valiosa de todos nosotros, de los daños externos y las amenazas sentidas. Esa parte tan valiosa, es nuestra capacidad de reír y lanzarnos al charco, dispuestos a SENTIR. Si percibimos, de niños o de adultos, que esa sensación está en peligro, la resguardaremos lo mejor que podemos, quizás tan bien que ni reconozcamos actualmente la defensa.

Cada célula de nuestro cuerpo contiene conciencia y memoria. Todas las células están interconectadas al igual que la conciencia que contienen, formando nuestro todo o suma de partes. Cuando tomamos conciencia, permitimos que las sensaciones cambien, se modifiquen y así podemos seguir aprendiendo de ellas y de las emociones que les acompañan. Como si nuestras raíces, en vez de ahogarnos, pudieran extenderse en tierra fértil y alimentar nuestra potencia y nuestras relaciones con los demás.

Cuando una sensación corporal es escuchada, le damos espacio, le damos permiso para reducir su intensidad (una presión en el pecho, nudo en la garganta, espalda cargada,….) y así posibilitamos el encontrar nuestro centro y nuestra verdad en el aquí y ahora.

Como con los hijos: Si les damos espacio y escucha, frecuentemente pueden relajarse y mostrar sus partes más agradables y amorosas, con las que nos es más fácil conectar y vincularnos. ‘Un niño que chilla es un niño al que no se le escucha’

Nuestro cuerpo funciona igual, si no le escuchamos ha de chillar, se ha de tensionar, se ha de modificar para que tomemos conciencia.

La base para trabajar con el cuerpo es el PERMITIR, permitir que se manifieste para que lo podamos ESCUCHAR. María del Mar Albajar, maestra de Focusing, me enseñó el inmenso poder de cuatro palabras: ‘Es clar que sí’. ‘Claro que sientes esa presión, con el dolor que albergas’, ‘Claro que sí, te sientes muy herida’, ‘Claro que sí, te pesa mucho la responsabilidad’….

Como adultos, siento la importancia y lo saludable que es navegar entre nuestras sensaciones externas e internas. Es decir, seguir en contacto con las sensaciones externas, de nuestras relaciones con el mundo exterior y a la vez escuchar las sensaciones internas, acogiéndolas y permitiendo su expresión. Cuando no existe esta correlación corremos el riesgo de suponer que el mundo nos debe, que no somos responsables, o al contrario, de encerrarnos en nosotros obviando las sensaciones externas, escudándonos detrás de las defensas ya en desuso, imposibilitando el crecimiento, superación y mitigación de las cargas que soportamos todos (experiencias, introyectos, dogmas, herencias….)

La conexión, entre todas nuestras partes corporales, forma una estructura como una tela de araña, donde pueden haber hilos más fuertes, más débiles, dañados, rotos, incluso inexistentes. Para seguir atrapando todos los placeres de la vida cada uno de esos hilos tienen su responsabilidad e importancia.

Las herramientas que nos ayudan a tomar conciencia nos tutelan y acompañan en la reconstrucción, reparación, remiendas de nuestra propia tela de araña para volver a atrapar esos placeres tan sutiles y a la vez tan gratificantes, como chapotear en un charco. Nuestra es la responsabilidad y nuestro será el placer.

Cuidemos a nuestros niños interiores para enseñar a y aprender de nuestros hijos.

‘Opto por darle, a mi niña, más espacio dentro de mi cuerpo, con la envoltura de adulta responsable y consciente!‘ Caroline Copestake

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